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lunes, 2 de abril de 2012

Ricardo Franco Vicario

-Es jefe del servicio de Medicina interna del hospital de Basurto.

-Profesor titular de la facultad de medicina y Odontología de la UPV/EHU y secretario general de la Academia de ciencias medicas de Bilbao.

-Cofundador de la ONG Medicos del Mundo y miembro de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País.

-Txistulari y Dantzari (director de varios grupos), actor de teatro aficionado (Producciones Solidarias Lizarralde y Compañía)







Nacido en la casa en cuyos muros se recuesta en la foto. Trokabidea y la zona del Dike fueron los primeros lugares de la niñez del doctor Ricardo Franco Vicario.



En un hermoso escrito (mi paraíso perdido) nos muestra sus recuerdos de Olabeaga en aquella época, en la que seguro que muchos noruegos se sienten identificados.








MI PARAÍSO PERDIDO

Cualquier repaso autobiográfico nos remite a esa felicidad idealizada, forzosamente nostálgica y arcádica -como la novela pastoril de Jacobo Sannazaro-de nuestra infancia.


Mi vida comenzó no en el centro del Peloponeso -que tampoco me hubiese importado--, sino en uno de nuestros barrios bilbaínos ribereños, Olabeaga, que el destino y sesudos urbanistas han decidido incorporar al proceso de transformación y mejora de la metrópoli.


Olabeaga era, entonces, una gran familia donde, como señaló Francisco Umbral respecto a las villas de antaño: La gente estaba habitada por la gente.


Gentes como Loreto las Heras Amézaga -de la tienda de ultramarinos-, nonagenaria, recién fallecida, que no dejaba que ningún niño saliese de su establecimiento sin algo que


llevarse a la boca. Cuentan las crónicas que una hermana suya, a quién llamaban "la niña", fue testigo durante la guerra civil (1936) de un tiroteo en las proximidades de la Santa Casa de Misericordia; otra mujer que presenció el suceso, apodada "la dientes de oro", huyó a México y a la hermana de Loreto la calzaron el sambenito y con once añitos la recluyeron en la prisión de Saturraran.



Había personajes curiosos como Pedro "el Chingao", que tenía un bar en el camino de la Ventosa, que luego traspasó a Dª Feliciana; Crispín el carnicero; el electricista Miguel Peña, cuñado de Sabino Sardón, "Barullo", que nunca dejó de avisarme cuando alguien del barrio ingresaba en el Hospital de Basurto; el practicante Carmelo Basarte y su hermana Rosalía, nuestra niñera, que nos contaba historias fantásticas y surrealistas y que estaba enamorada platónicamente de nuestro primer lehendakari José Antonio Aguirre; Juan el barbero...; familias noruegas de toda la vida: los Galarza, Goikoetxea, Acha, Santa María, Gurrea, Etxeberria (Emilio), etc....



Los críos íbamos a la escuela pública donde las maestras Dª Nati y Dª Begoña, con un cariño extraordinario y una paciencia infinita, nos enseñaban y nos educaban -emulando la loa del estudio de Bertolt Brecht-, como si estuviésemos llamados a ser dirigentes, estatus que algunos de los entonces chavales consiguieron.



Nuestro universo era muy reducido: el barrio siempre sombrío, atravesado longitudinalmente por las vías del tren, con sus huertas y algún caserío. La ría era el horizonte que nosotros veíamos mejor que nadie desde esa atalaya que era el cargadero de mineral, un icono del barrio construido por mi abuelo, que desapareció a finales de la década de los setenta, en la debacle que culminó con el desmantelamiento industrial.



Noruegos y ribereños de Deusto éramos vecinos frente a frente. Cruzábamos de un lado a otro en los "gasolinos", manteniendo una cordial rivalidad que, como señala la periodista Yolanda Veiga, quedó grabada en numerosos cantares de los lugareños de ambos barrios.


Como en Biotz-Begietan de Blas de Otero, nuestro cielo era un paraguas o el choto/txano de la gabardina porque llovía mucho:



Llueve en Bilbao y llueve llueve llueve


livianamente, emborronando el aire, las oscuras fachadas


.../... mansamente llueve



Ir a Bilbao era una auténtica excursión que casi siempre realizábamos en el tren del ferrocarril de Portugalete que nos dejaba en el Puente del Arenal.


Salir del barrio era convertirse en el Hombre sin atributos de Robert Musil, en el hombre/nadie de la gran ciudad, en él a solas, soy alguien, / en la calle nadie, de Gabriel Celaya.


Tenía yo siete años cuando los Franco Vicario nos tra


sladamos a vivir a Bilbao, a la calle Alameda de Recalde nº 43. Nuestro paisaje cotidiano cambió radicalmente: la Plaza de Arriquibar, La Alhóndiga y el colegio de Santiago Apóstol.


Tuvimos que hacer el duelo, escapar de la agonía de lo que se pierde, de la tiranía del tiempo..., y como reflexiona Bernardo Atxaga en un delicioso artículo titulado Adán tiene gripe (GranBilbao. El habitante, 1998), que me invitó a leer el llorado Javier Urquijo, aceptar que la vida es también lo que nos encontramos después de haber salido de aquel paraíso, Olabeaga, que mi alma tierna y niña grabó a fuego en su memoria.



Ricardo Franco Vicario.









¿ Que añora del Bilbao antiguo?


Las meriendas en casa de mis abuelos, a los que visitaba después de las clases de txistu. Iba, tocaba y me llevaba una buena propina. Se ha perdido aquella familiaridad de una ciudad pequeña donde todo se compartía, desde los regalos de Reyes hasta aquel queso que cortábamos con hilo bala.






¿Cual es el primer recuerdo que le viene de la villa?


El jardín de mi casa de Olabeaga la higuera, el cargadero de mineral y el chirrío de las bisagras de la cerca. Ahí jugué a Peter Pan.

Describa su paseo predilecto


Elcano hasta Alameda Mazarredo, cruzar por Calatrava y el Campo Volantín, Ayuntamiento, Sendeja y vuelta por el puente del Arenal. A veces giro hacia el otro lado y voy por Olabeaga hasta Zorroza. E incluso hay días que cojo la Suzuki Bang Bang y subo a Artxanda.

Como recuerda sus primeros recuerdos


Muy feliz y muy libre. Nuestro parque era la Misericordia y siempre estábamos en la calle, con gran susto de los padres. Éramos noruegos, lo que significaba que jugábamos entre la ría y las vías del tren, dos peligros extremos. Creo que existe un ángel de la guarda de Olabeaga.

¿Se va uno del barrio?


Para siempre, nunca. Mantienes contactos con las familias de toda la vida, te interesas por el barrio cuando llega alguien al hospital, lo visitas de vez en cuando.


extractos entrevista Deia





lunes, 28 de marzo de 2011

Noruega, domingueando en Olabeaga


  • Socióloga argentina, Iñake Perugorría

La comunidad latinoamericana de mi universidad estadounidense poseía un código bastante particular (y antipático) para referirse a "los otros" en el espacio público neoyorquino. No bastaba con evitar el inglés y hablar en castellano; algunas reacciones demostraron desde muy temprano que cualquiera podía entender lo que decíamos. Un estratega colombiano y otro argentino desarrollaron entonces el siguiente sistema; el mismo ya estaba vigente cuando llegué a Estados Unidos. "Uruguayos" era el término utilizado para referirse a los orientales. (En tiempos del Virreinato del Río de la Plata "Banda Oriental" era el nombre del territorio comprendido aproximadamente por la actual República Oriental del Uruguay y el actual estado brasileño de Río Grande do Sul.) Los afro-americanos, a su vez, habían recibido el código de "suizos", supongo que debido al notable parecido físico. Algo similar, supuse, ocurría con el término "noruegos" en Bilbao, aunque no entendía muy bien a quiénes se refería, ni cuál era su sentido. Mi último paseíto dominguero dio por tierra mi suposición; el código "noruego" no alude a una categoría étnica ni socio-demográfica. "Noruega" es el sobrenombre que se utiliza para referirse al barrio de Olabeaga -al menos eso me ha dicho el columnista de este periódico que paseaba conmigo-. En Olabeaga hay un bar Noruega, y un Txoko Noruego. El mote proviene, aparentemente, de la época en la cual los embarcaciones nórdicas descargaban toneladas de bacalao en Olabeaga; el acceso a Bilbao les estaba vedado debido a su gran calado. Otra versión indica, sin embargo, que el sobrenombre hace alusión a las pocas horas de luz solar de las que goza el barrio; como consecuencia, su temperatura promedio es unos grados más baja que la de Bilbao. El barrio goza de una vida activa. En la actualidad residen allí unos 1.200 vecinos, y el recientemente inaugurado paseo del muelle de Olabeaga se ha convertido en un locus de encuentro y esparcimiento cívico. Por allí transitan vecinos en diferentes tipos de vehículo: a pie, en bicicleta, en rollers y hasta en triciclo. El parque infantil que bordea la ría está coronado por una fantástica reproducción de un barco de vela que en nada se parece a un barco vikingo. Chicos y "grandes" pueden entrar al barco, recorrer su bodega, subir a proa, interactuar con un timonel de ojos sangrantes (!), trepar al mástil y dialogar con un simpático lorito (?). Olabeaga rinde, así, un tributo Disneylandizado a su pasado marítimo. Como "grandes" y chicos solemos decir en Argentina: está buenísimo. Muy cerca de allí, en el barrio de Abando, se encuentra el Museo Marítimo Ría de Bilbao. Ocupando el recinto que antaño perteneciera al Astillero Euskalduna, y que fuera testigo de una de las mayores hazañas de resistencia obrera al proceso de desindustrialización de los 80, el museo abre una ventana al pasado del antiguo motor de la economía vizcaína. En él, viejas anclas, cadenas restauradas, diques secos y barcos recuperados son presididos por Carola, una hermosa dama-grúa que en su tiempo (años "50) fuera la más poderosa del estado. La leyenda urbana cuenta que Carola debe su nombre a una bella esposa que diariamente crusaba la ría para llevar el almuerzo a su marido, trabajador del Euskalduna. Karola es, también, el nombre de un bar calificado como bohemio, indie o hipster, según el blog, o el amigo, consultado. Un sitio de internet lo ubica en el top ten de bares con las mejores terrazas del País Vasco. No sé si me atrevería a ir tan lejos, pero junto con el Lamiak y el Marzana es, en mi porteña opinión, uno de los bares con más "onda" de Bilbao. Noruega merece una visita, una tarde de domingo, o una noche de sábado. Aunque los noruegos no sean "noruegos", y no haya en ella ni "suizos" ni "uruguayos".

martes, 22 de marzo de 2011

La Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques

Conocida popularmente como Euskalduna, su nacimiento supuso un antes y un después en la historia de la fabricación de navíos en el País Vasco al arrancar con ella una nueva era industrial en el sector: la de la construcción naval civil moderna.

Su fundación se enmarca dentro del boom económico que el Señorío estaba viviendo desde 1898 y que, fundamentalmente, afectó a los sectores siderúrgico, minero y naviero. Al amparo de ellos se concentró en la Ría la mitad del tonelaje de las compañías navieras de España, al tiempo que los navieros vascos cubrían el vacío dejado por los británicos adquiriendo los buques anteriormente empleados por éstos. Esta coyuntura tuvo un efecto multiplicador muy positivo en la economía vizcaína, habida cuenta que originó el desarrollo de otras actividades íntimamente relacionadas con el negocio naviero, como por ejemplo, las agencias de buques, los seguros y, ¡cómo no! la manufactura y reparación naval.

Constituida el 27 de marzo de 1900 de la mano de los principales navieros de Bizkaia, fue una empresa que desde sus orígenes estuvo vinculada a la demanda civil y privada. Sus fundadores fueron Eduardo Aznar y de la Sota, sus hijos Eduardo y Luis María Aznar y Tudor, y Ramón de la Sota y Llano. Fijaron para la Sociedad un capital social de 8 millones de pesetas, aunque en un principio tan sólo desembolsaron 5 millones, que estuvieron férreamente controlados a través de las acciones nominativas de sus socios y el Consejo de Administración.

En sus orígenes sus promotores concibieron un negocio destinado preferentemente al aviamiento de los buques de las navieras a fin subsanar el notable encarecimiento que las reparaciones venían experimentado en Gran Bretaña desde 1898, básicamente, por la devaluación de la peseta frente a la libra. Si bien este fue el propósito inicial de sus impulsores, desde fechas muy tempranas la confección de navíos fue cobrando gradual importancia hasta constituirse en su principal actividad.

Los terrenos abandonados en Olabeaga por los Diques Secos de Bilbao fueron el embrión de este moderno astillero, que llegó a ocupar una extensión de 90.000 m2. De inmediato se emprendieron obras de reforma y remodelación de las viejas instalaciones adquiridas. Construyeron un muelle en la margen izquierda de la Ría, ensancharon los diques antiguos, reformaron los talleres y levantaron el dique número 3 para albergar en él buques de gran tonelaje. Paralelamente, compraron los terrenos colindantes al astillero.

En vísperas de la Primera Guerra Mundial la factoría disponía de 3 diques secos para carena y reparación; talleres de calderería, forja, ajuste y tornos, carpintería, ebanistería, carpintería de ribera, reparación de calderas, construcción de máquinas y calderas, y fundición; casa de bombas para el achique de los diques; central de aire comprimido; departamento de material eléctrico; departamento de hornos para curvas chapas y taller de remaches; fábrica de tornillos, remaches y tuercas; y 2 gradas para la construcción de buques.

Pese a todo, las dependencias y capacidad productiva de Euskalduna eran bastante limitadas. Fue por ello, por lo que a partir de 1914 sus gestores emprendieron una ambiciosa estrategia de ampliación e integración vertical. Lo hicieron con el objetivo de poder aprovecharse del incremento de la demanda de buques de hierro de gran tonelaje que había debido a la imposibilidad de conseguirlos en el mercado exterior pero, también, para evitar los problemas en el suministro de los materiales y pertrechos navales. Procedieron al levantamiento de dos gradas, la erección de un nuevo edificio de oficinas diseñado por Gregorio Ibarreche, y la construcción de un taller de modelos y una fábrica de oxígeno, entre otras cosas.

La trayectoria ascendente de esta empresa se truncó en 1921 merced a la fuerte contracción de la demanda de nuevos buques así como a la restricción experimentada en las reparaciones. Para sobrevivir en estos tiempos de crisis Euskalduna, que se había convertido en una auténtica fábrica metalúrgica capaz de realizar trabajos de toda índole, apostó por la estrategia de diversificar su producción hacia nuevos artículos que poco tenían que ver con lo que entonces fabricaban. Así pues, sin dejar de lado el armamento y reparaciones navales, comenzaron a confeccionar material ferroviario, automóviles, maquinaria y construcciones metálicas. Además de ello, en la década de 1930 el Ayuntamiento de Bilbao le encargó la construcción del puente de Buenos Aires.

Así las cosas, para finales del decenio de 1920 el astillero se había especializado en la construcción de buques de tonelaje medio de tipologías diversas y provistos de motores diesel, pero a precios muy elevados si los comparamos con los de países como Inglaterra y Alemania. En definitiva, se disponía de la capacidad técnica para atraer la demanda de los armadores españoles pero se era incapaz de competir en el mercado internacional.

La crisis internacional de los años treinta empeoró aún más la situación de la firma. La retracción del transporte marítimo conllevó la paralización de los encargos de nuevos buques y la reparación de los antiguos, y los pedidos estatales resultaron insuficientes para salvar la coyuntura. Ante ello, la táctica de la Dirección de la empresa fue la reducción drástica de los costos de producción y, entre ellos, fundamentalmente de los salariales. Ello se tradujo en el despido entre 1931 y 1933 de más de la mitad de los obreros, parte de los técnicos y personal administrativo, y en la disminución de los salarios de la plantilla restante.

Durante la Guerra Civil Euskalduna fue militarizada. No obstante, desde el punto de vista material, la guerra apenas tuvo consecuencias directas en el astillero puesto que el País Vasco fue la única región industrializada en la que su aparato productivo se mantuvo prácticamente intacto. Sin embargo, la contienda civil tuvo unos efectos muy graves en los recursos humanos de la empresa porque el exilio, las muertes, los encarcelamientos y las mutilaciones comportaron la pérdida del cuerpo directivo y de buena parte de la mano de obra cualificada.

Terminado el conflicto civil las expectativas de negocio para la empresa, en general, eran buenas. Por una parte, porque había que reponer el tonelaje perdido durante la guerra y renovar la flota de las navieras se encontraba muy envejecida -tenía una media de unos 25 años-. Por otra parte, porque la legislación del nuevo régimen político trató de fomentar la construcción naval por considerarlo un sector básico para conseguir la autosuficiencia. Concretamente, se trató de fomentar la construcción naval mediante una política de reserva del mercado interior, y de crédito muy barato para la financiación de las inversiones en los astilleros y las adquisiciones de buques.

Estas favorables perspectivas de futuro animaron al Consejo de Administración de Euskalduna a acometer una nueva expansión en la factoría. Entre 1940 y 1941 compraron a Alejandro Arana y Compañía y al Marqués de Olaso unos terrenos colindantes al astillero de Olabeaga; y en 1943 se hacía con el control de la fundición Gracia y Cía, S.A.

Con esta nueva ampliación, las instalaciones y dependencias de la Compañía quedaron unificadas en la margen izquierda del Nervión a lo largo de 750 metros. Resultado de ella, fue la desaparición del antiguo taller de fundición, el alargamiento de otros talleres y la construcción de nuevas naves de montaje, calderería, maquinaria y fundición de hierro y acero que fueron diseñados para evitar la aglomeración de las máquinas, herramientas y piezas en fabricación. Junto con todo ello, la empresa se dotó de un laboratorio químico, oficinas, archivo... y procedió a aumentar las dimensiones del dique número 3.

La nueva infraestructura posibilitó a Euskalduna desarrollar su capacidad productiva y al amparo de ella, el crecimiento de los beneficios empresariales. De esta manera, para la década de 1950 se había convertido en una de las empresas líderes en la construcción de buques y de motores diesel pero, también, en una de las cincuenta mayores de España por sus activos netos.

La progresiva apertura de la economía española al mercado exterior desde comienzos del decenio de 1950 y la promulgación de la Ley de Protección y Renovación de la Flota Mercante de 1956 viabilizaron el espectacular despliegue de Euskalduna. Concretamente, esta disposición estableció una política de créditos baratos, primas a la construcción y navegación, y determinadas ventajas fiscales con el objetivo de poder lograr una producción nacional anual de 1000.000 toneladas de registro bruto.

Sin embargo, en estos años Euskalduna tuvo que hacer frente al problema de la falta de espacio disponible que tenía en Olabeaga y, además, debido a su emplazamiento las posibilidades de una nueva ampliación eran ya nulas. Esta circunstancia le forzó a realizar una nueva planificación del trabajo en sus talleres, una nueva gestión empresarial y a especializarse en la manufactura de buques de mediano tamaño y de gran calidad, a fin de poder ser competitivos en el mercado exterior y aumentar la productividad.

Euskalduna logró los objetivos que se marcó, pero mediada la década de 1960 tuvo que sortear un nuevo contratiempo: el de la financiación del volumen de obra contratado. Lo solucionó fusionándose en 1969 con La Naval y Astilleros de Cádiz para crear la firma Astilleros Españoles S.A.

Este gigante de la construcción naval nació acogiéndose al régimen de Acción Concertada de Industrias Navales. Para lograr los objetivos de producción que se propuso, tanto generales como particulares, cada una de sus factorías integrantes se especializó en un tipo construcción concreta. Por lo que a las instalaciones de Olabeaga respecta, en la manufactura de buques de casco de acero entre 4.000 y 16.000 toneladas de registro bruto; y en reparaciones navales a efectuar en sus dos diques secos y en su dique flotante de 12.000 toneladas de fuerza ascensional.

La nueva realidad del mercado generada por la crisis del petróleo de 1973 tuvo consecuencias dramáticas para el sector de la construcción naval debido a que el transporte de crudo fue el primero que se vio afectado. A partir de esta fecha, comenzó el proceso de reconversión de la industria naval con el fin de adecuar el exceso de su capacidad productiva a la coyuntura generada por la crisis.

Empero, la reconversión exigida por la crisis se retrasó en demasía en Astilleros Españoles S.A. Además, se puso énfasis en la reducción de la plantilla al tiempo que apenas se incidió en la renovación tecnológica y empresarial que, precisamente, eran necesarias para poder competir en el mercado internacional.

El duro programa de reestructuración puesto en marcha por Astilleros Españoles se saldó con el cierre en 1988 de Euskalduna. Concretamente, fue fruto del acuerdo de entrada en la CEE en el que se determinó una reducción de la capacidad de producción del grupo.

A medio plazo, el desmantelamiento de Euskalduna ha facilitado la expansión de las zonas verdes y de ocio en el centro de Bilbao, y hoy en día sus antiguas instalaciones son la sede del Museo Naval de la capital vizcaína.

Lourdes Odriozola Oyarbide (para la enciclopedia Auñamendi)
2011

miércoles, 19 de enero de 2011

Emilio Guinea López


Prestigioso botánico bilbaíno, nacido en Olabeaga en 1907. Aparece su vocación bajo el magisterio del catedrático de Botánica del Instituto bilbaíno Máximo Abaunza, pasando luego a Madrid donde se doctora brillantemente en Ciencias Naturales en 1932, consiguiendo ese mismo año una cátedra de Instituto. Obtiene en 1941 el premio nacional de Herbarios. Desde 1943 a 1947 recorre África, estudiando la flora de Rio Muni, Sahara Español, Guinea Continental y Fernando Poo. De este viaje resultan varios trabajos, entre ellos: El Sahara Español y Ensayo Geobotánico de la Guinea Continental. De esta misma época es Recursos del medio biológico. Vizcaya y su paisaje vegetal, Bilbao, 1949. En la década de los cincuenta, marcha a Inglaterra, invitado por el "British Council", donde estudia el Departamento de Botánica del Museo Británico y en los Reales Jardines Botánicos de Kew, en Londres, publicando con los botánicos de esta Institución Flora of the West Tropical Africa. Toma parte en el VII Congreso Internacional de Botánica en Upsala, Suecia, recorriendo este país y publicando En el país de los lapones. Posteriormente dedica varios años a su colaboración en Flora Europea (Viena, Génova, Edimburgo, Ginebra, Sevilla, Madrid y Copenhague). Escribe, para I. C. O. N. A., el Elenco de la Flora vascula española (1978). Ha publicado asimismo volúmenes y claves botánicas didácticas, así como varios volúmenes sobre la vegetación de Santander y Asturias, amén del de Bizkaia, ya citado, así como numerosos trabajos en revistas especializadas.

Alberto Xabier MARTÍNEZ ARTOLA.

martes, 23 de noviembre de 2010

Fortunato Arribas Arribas

En este humilde blog tenemos un apartado dedicado a la historia de nuestro barrio. Se trate de las minibiografias de sus vecinos, historia, el patrimonio cultural y urbanistico, toponimia, tradiciones o el trabajo y dedicaciones de nuestros antepasados. La intención es difundir nuestro pasado para comprender mejor nuestro presente de lo fuimos y somos los habitantes de este pequeño rincón de Bilbao.


Una vida de de trabajo de Fortunato Arribas Arribas
Soy bilbaíno, de Olabeaga. Nací el 21 de febrero de 1929 y me pusieron de nombre Fortunato Arribas Arribas.
Empecé a trabajar como aprendiz en el Astillero de Euskalduna. Me cogieron en la Escuela de Aprendices de Euskalduna. Como aprendiz comencé ganando tres pesetas cincuenta al día. Luego me hicieron oficial de tercera y me comenzaron a pagar diecisiete pesetas al día. Pero tuve que dejarlo todo para ir a la mili, y después, a la vuelta, no quise ir a Euskalduna.
Después de ver un anuncio en el periódico me marché a hacer una prueba a la empresa Bilbaína de Montajes. Esta empresa tenía las oficinas en la calle Huertas de la Villa. Se había creado en 1952 por Luis Fernando Zayas Goyarrola, Luis León, Alfonso Ybarra Gorbeña, Fernando Serrano y Gabriel Zayas Goyarrola. Se creó con un capital de 850.000 pesetas.
Era una empresa que tenía mucha mano de obra rotante. De los 200 obreros, únicamente tenía unos 100 fijos trabajando. Me mandaron a trabajar a Asturias en el montaje de unos pabellones que se estaba construyendo por la empresa siderúrgica Duro Felguera. Nos tiramos tres años trabajando allí, en el montaje de aquello. A comienzos de los años cincuenta ganaba aproximadamente seiscientas pesetas a la semana. Montábamos de todo, naves y pabellones en Altos Hornos de Vizcaya, en La Naval, en todas las grandes empresas. Nosotros llevábamos de todo, grúas, camiones, plumas,...de todo. De todas formas, era un trabajo muy peligroso. Se trabajaba con muy poca seguridad. Estuvimos una temporada trabajando en una presa de Galicia y allí moría gente como escombro.
Después de lo Asturias comenzamos a montar una fábrica en Axpe (Erandio) propiedad de la empresa Metalquímica. Después de trabajar en el montaje de estos pabellones me dieron la opción de poderme quedar a trabajar allí. Debido a que no estaba ya por la labor de andar de aquí para allá me decidí por quedarme fijo en Metalquímica.


Fortu jugador del Acero

jueves, 11 de noviembre de 2010

Historia de Olabeaga

Nuestro barrio fue un lugar de la antigua anteiglesia de Abando, anexionada a Bilbao, en 1890. Abando fue una antigua anteiglesia de Bizkaia y luego república como otras de su entorno (Deusto o Begoña).
Sus limites eran por el norte las anteiglesias de Barakaldo y Deusto, separadas por el Nervión, con Bilbao y Begoña por el este, con Arrigorriaga por el sur y al oeste con Barakaldo.
Abando abarcaba una gran extensión que se asentaba sobre una vega resguardada por los montes de San Roque y Pagasarri. Estába formada por las siguientes entidades de población: Abando-Ibarra, Bilbao la Vieja, Mena, San Adrián y Larrasquitu, Indautxu y Olabeaga, Zugasti, Novia, Zorroza, Ibaizabal.
Nuestro barrio se ligaba al de Indautxu y era más conocido con este nombre, porque el termino Olaveaga se aplicaba a la rivera enfrente de Deusto, situado a la orilla del ría(Lo que actualmente se define como Olabeaga pero que en siglos pasados era mas extenso).


astilleros mendiguren



Citado como paraje con asiento de mojón en un apeamiento de 1333, los astilleros asentados en Olabeaga son citados por Iturriza y Zabala, junto con los de Ripa y Zorroza, al hablar de San Vicente de Abando en el siglo XV.
Tuvimos una ermita bajo la advocación de San Nicolás (precedente de la iglesia actual construida en 1869); y tambien esta documentado la existencia de la torre de los Acha de Abando.



Torre de los Acha de Abando en Olabeaga




OLABEAGA EN EL PASADO

Anacleto Ortueta Azcuenaga

El Acero por Olabeaga

viernes, 29 de octubre de 2010

Memoria de una Noruega


Balbina Lasheras, una de las 200 vascas recluidas por los franquistas en el penal de mujeres, revive a sus 91 años su "alegría" al ingresar en la cárcel de Larrinaga: el camino a Derio llevaba a una muerte segura.

Me alegré cuando vi que me conducían a la cárcel de Larrinaga. No iba a Derio". El testimonio es de Balbina Lasheras, víctima bilbaina del franquismo. El 21 de junio de 1937, se sintió por un momento aliviada por ingresar en una prisión, porque el camino a los muros de Derio suponía perder la vida. Su muerte.

Si sus palabras sorprenden, aún en mayor medida su detención: tenía dieciséis años y estaba jugando a la cuerda con su sobrina en brazos. La estudiante del colegio Las Hijas de Jesús no comprendía qué ocurría esa jornada en la que los falangistas entraron en Bilbao. Le acusaban de "hacer propaganda contra el glorioso movimiento nacional". A sus 91 años, aquella jovenzuela de Olabeaga resume hoy el momento de su paso por la comisaría de Orueta. "Me dijeron que iba a declarar, y que enseguida volvería. Y ese enseguida se convirtió en 5 años, 5 meses y 10 días" por las cárceles de Larrinaga, Orue y Saturraran. En este último centro penitenciario -que Balbina califica de campo de concentración-, le pusieron el mote de La Peque, porque era la reclusa más joven.

"Me dijeron que iba a declarar y enseguida volvería. Duró 5 años, 5 meses y 10 días"
Le imputaron delatar a unos vecinos falangistas. "¿Cómo iba a hacerlo si aquella familia era buena gente?", responde esta votante del partido jeltzale. "No sé si seré o no del PNV. Nos viene de mi madre. Mi padre sí que no sé de qué sería... Él era de Aragón", valoraba ayer a este diario. "Nosotros éramos nacionalistas. Entonces no se decía del PNV. También había nacionalistas vascos de ANV, pero ninguno éramos de ellos", evoca. Mujer fuerte, Balbina no volvió a pasar miedo en las cárceles a las que le trasladaban. Larrinaga y Orue se quedaron pequeñas y recaló más adelante en Saturraran. Fue una de las 200 vascas que fueron a parar a ella. Otras 3.800 eran del Estado, ya que el poder golpista ejecutaba una política de dispersión.

En camión nevado a Saturraran. "El dinero iba a las monjas"

Les trasladaron en un camión descubierto, en días de nieve. "Además, había helado. Íbamos muertas de frío", rememora. A su llegada al otrora balneario, les requisaron comida, las agujas de hacer punto, cucharas… "Nos dieron una colchoneta de paja y nos mandaron al pabellón número 8". Sí pudo conservar un tesoro: los salvoconductos por buen comportamiento que le redactaron en las cárceles anteriores. "Ponía -puntualiza- que era católica. Buena persona".


Lasheras, quizás por su juventud, supo salir al paso de las situaciones que le surgían en el penal. Esquivó, incluso, la muerte. Los médicos de la cárcel creyeron que tenía una tisis galopante. "Me pasaron de la sala de observación a morir a la enfermería". Sin perder más segundos, escribió una carta a su hermana diciendo que "estaba muy mal", y allí se plantó a hablar con el médico Luis Arriola. Un militar se interesó por ella: "Marche tranquila, a ver si lo arreglo". Pasaron unos meses y se cumplió la salida de Saturraran.

A día de hoy, Balbina, aunque cristiana católica, aún recrimina la actitud de las monjas Mercedarias, encargadas del penal guipuzcoano. "Eran malas como la tiña. Algunas mujeres lavaban ropa para cargos de la cárcel y éstos les pagaban algo, pero nunca llegaban a ver las presas ese dinero. Se lo quedaban las monjas. Es más, la comida la guardaban en la casa de los cerdos. Y si les contestabas te mandaban al calabozo". Siete décadas después, esta bilbaina de pro asegura que lo peor "no fue lo que viví, sino lo que vi que vivieron otras". "A mí, las monjas, yo creo que hasta me cogieron cariño", admite.

(Deia. 21 / 10 / 2010)

http://ahaztuak1936-1977.blogspot.com

Izarren argia

martes, 26 de enero de 2010

“ ... en el barrio que llaman de Olaveaga ...”. Un ejemplo de los bajos fondos en el Bilbao de la Edad Moderna

* articulo original publicado por Euskonews & Mendia

Cuando se recuerda el pasado marítimo de Bilbao, se tiende a evocar la gran tradición pesquera, comercial y de fabricación de barcos que siempre existió a orillas de la ría, olvidando los problemas derivados de estas actividades, fenómenos como la inseguridad pública que la intensiva presencia de marineros causaba en los barrios ribereños de la capital vizcaína. El tópico del marinero que nada más pisar tierra se emborrachaba, peleaba o saciaba sus deseos sexuales con prostitutas, se hacía realidad
en lugares como el pequeño barrio de Olabeaga, situado junto a la ría y que en aquella época formaba parte de la anteiglesia de Abando.

Astillero de Mendiguren, en Olabeaga.

En el Bilbao de la Edad Moderna había otras zonas con graves problemas de criminalidad, pobreza o prostitución. Se trataba de barrios extramuros como Ascao, la Sendeja, Achuri o Bilbao la Vieja, muy poblados y cuyos vecinos vivían en condiciones precarias (desempleo, viviendas en ínfimas condiciones de habitabilidad, ...)1. Sin embargo, en Olabeaga existía un factor que le diferenciaba de estas zonas y alteraba de forma sustancial la vida cotidiana de sus vecinos: la constante presencia de marineros, sobre todo extranjeros. Esto hizo que el barrio fuera conocido como “Noruega”, sobrenombre que aún se mantiene. Dada la dificultad para llegar a los muelles de Bilbao, muchos barcos atracaban en Olabeaga para descargar parte o toda su mercancía. Se trataba de un barrio de marcado carácter marítimo cuyos habitantes se dedicaban preferentemente a tareas relacionadas con la navegación: reparación y construcción de embarcaciones, carga y descarga de buques, transporte de mercancías en gabarras, ... La constante presencia de marineros marcaba la vida en Olabeaga, haciendo que estuviera constantemente salpicada de todo tipo de incidencias. Los vecinos del barrio estaban acostumbrados a los accidentes: sólo en el siglo XVIII fallecieron ahogados en Olabeaga, al menos, ocho marineros llegados de Francia, Inglaterra, Portugal, Dinamarca, Holanda, ...2. Todos los cadáveres eran examinados por médicos para certificar la causa de la muerte. Así sucedió, por ejemplo, en el caso del marinero portugués fallecido en 1746. Un cirujano “reconoció con todo cuidado el cadáver de dicho muchacho y no hallo en el herida ni contusión alguna si no es señales evidentes de haver sido aogado por lo abultado del vientre y gastadas las uñas de los dedos contra la tierra de haver echo fuerza para salir”. Después, los cuerpos eran enterrados en Urgozo, en el mismo barrio.

Más importantes eran los naufragios que, en ocasiones, se producían en Olabeaga. Algunos no tenían más consecuencias que la pérdida de la mercancía y retenciones en el tráfico marítimo, como ocurrió con los accidentes de barcos como el “Flor Marina de Bithiford”, el “Mercader nuevo de Liorno”, el “Aparición de María” o el “Crivartung”3. Sin embargo, en otros casos sí hubo víctimas mortales, como sucedió en 1642 con el naufragio del “Sara”, un buque inglés procedente de Terranova cargado de pescado y grasa de ballena. Según los marineros, a consecuencia de “una tormenta de bientos lebantes, se bulco el dicho navio y se aogaron quatro de los dichos marineros y los demas se escaparon casi medio ahogados rompiendo el dicho navio por el un costado”4.

Pero lo que preocupaba a las autoridades y vecinos no eran estos accidentes sino los problemas de inseguridad que causaba el comportamiento de los marineros en este barrio. Así, de los 22 procesos que se conservan en el Corregimiento vizcaíno por actos violentos cometidos en Olabeaga durante la Edad Moderna, únicamente en cuatro tanto el agresor como la víctima eran naturales del Señorío. En el resto de casos, aparecen marineros extranjeros peleando entre ellos o agrediendo a vecinos del barrio (sólo en dos procesos se acusó a habitantes de Olabeaga de agredir a navegantes foráneos). Después de las duras condiciones soportadas durante la travesía, los marineros llegaban a tierra con el deseo y la necesidad de divertirse, y las tabernas de Olabeaga ofrecían una buena oportunidad para actividades como el juego, la prostitución o el consumo de alcohol. En 1640, Pedro de Berganza, dueño de una taberna en Olabeaga, declaraba que “solamente vendian vino blanco de Rivadavia a dos Reales el azumbre (...) y que no bendian pan ni otros mantenimientos ni cerveza por estar cerca en la ribera los navios que la tienen”5. En 1731 había al menos cuatro tabernas6. No es extraño que el excesivo consumo de alcohol aparezca en muchos de los procesos judiciales seguidos contra marineros foráneos por actos violentos cometidos en Olabeaga



Fotografía de 1867 en la que se ve la Ribera de Olabeaga, delante, y la Ribera de Deusto, al otro lado de la ría.

Un factor que provocaba altercados era la coincidencia de navegantes de países enfrentados en un espacio pequeño como Olabeaga. Hay varios ejemplos de reyertas entre marineros por rivalidades nacionales: en 1664, los tripulantes de un barco inglés abordaron con hachas un buque irlandés alentados por su capitán que gritaba que “los abia de echar a todos a la mar porque aborrecia la nación de ellos”; en 1803, se produjo un enfrentamiento entre marineros franceses e ingleses “con motibo de haberse subcitado la conversación del mayor valimiento de una y otra nación”7. Más frecuentes eran las peleas entre los miembros de una misma tripulación, especialmente entre los marineros y los oficiales. Las reprimendas de los capitanes a sus marineros porque pasaban demasiado tiempo en tierra o regresaban borrachos, descuidando sus obligaciones a bordo, eran constantes, discusiones que en muchas ocasiones terminaban en agresiones8.

Los marineros que llegaban a Olabeaga también tenían enfrentamientos con los vecinos. En general, ambos grupos se relacionaban en el barrio, en sus calles y tabernas, sin problemas, pero en ocasiones se producían enfrentamientos por las diferencias entre las necesidades y el ritmo vital de los vecinos y los marineros. Así, mientras los navegantes deseaban aprovechar el tiempo que pasaban en tierra divirtiéndose, los vecinos querían mantener la tranquilidad y el orden en el barrio. Las denuncias de los habitantes de Olabeaga por los desórdenes provocados por los marineros fueron constantes. Por ejemplo, en 1804, los vecinos se quejaron de que un grupo de extranjeros estuvo hasta medianoche “bailando al golpe de una destemplada guitarra” e insultando a los vecinos que les llamaban la atención. En otras ocasiones, las cuadrillas de extranjeros mostraron más agresividad, como se refleja en el proceso abierto por la muerte del inglés Eduardo Marks, ocurrida en 1713 cuando volvía a su buque después de pasar la noche en una taberna de Olabeaga. Según uno sus compañeros, Marks estaba borracho e iba amenazando a la gente con un palo. Se encontró con dos vecinos del barrio y les dijo que “se apartasen del camino con soberbia o les daria con el dicho palo”. Discutieron y Marks les golpeó. Los ingleses siguieron su camino, pero esta vez los agredidos no se limitaron a denunciar los hechos sino que respondieron a la humillación que suponía ser insultados y golpeados por un foráneo en su propio barrio con una violencia aún mayor. Así, Pedro de Lozano, corrió a casa a buscar su espada “y fue con ella a dar quenta de la desberguença”. Llegó hasta ellos y mató a Marks9. Las autoridades reconocían que la presencia de los marineros en la calle, sobre todo por la noche, causaba problemas de seguridad pública por lo que se prohibió “que la gente que fondea en la ria salte a tierra después del toque de las oraciones sin necesidad urgente y expresa licencia escrita de su capitan y que las gentes de mar no permanezcan en tierra después de la insinuada hora ni en las casas sea admitida por las noches de posada después de la prevenida hora”10. Pero estas medidas eran constantemente incumplidas, por lo que no paliaron los episodios de violencia en los barrios marineros de Bilbao.

Procesos como éstos reflejan la tensión existente entre los habitantes de Olabeaga y los marineros extranjeros por el uso del espacio que compartían. Así, mientras para los primeros se trataba de su lugar de residencia y deseaban conservar su forma de vida (trabajo, ocio, descanso) sin alteraciones, para los segundos sólo era un lugar en el que disfrutar antes de iniciar una nueva travesía, un sitio en el que relajarse de las duras condiciones soportadas durante la navegación por medio del sexo, el alcohol, el juego o, incluso, la violencia, ya fuera contra otros marineros o contra los miembros de la comunidad local. Todo ello convivía en Olabeaga, dando lugar a una de las zonas más inseguras del Bilbao de la Edad Moderna.

1Aldama, J.P., “Alcahuetas y prostitutas en Bilbao y su entorno en la Edad Moderna” en González, C.; Bazán, I; Reguera, I. (eds.), Marginación y exclusión social en el País Vasco, UPV, Bilbao, 1999. pp. 102-106.

2Archivo Foral de Bizkaia (A.F.B.), Corregimiento, 0826/013, 1946/006, 1887/006, 0360/009, 0049/024, 0615/005, 0107/037 y 0617/017.

3A.F.B., Corregimiento, 3981/024, 0648/005, 1915/008 y 2162/026.

4A.F.B., Corregimiento, 0594/025.

5A.F.B., Bilbao Sección Antigua, 0513/001/013.

6A.F.B., Corregimiento, 0837/010.

7A.F.B., Corregimiento, 0284/040 y 0594/021. El barco inglés había sido apresado por los franceses.

8Hay varios ejemplos de peleas entre oficiales y tripulantes: A.F.B., Corregimiento, 1563/027, 0804/008, 0611/025 y 0825/061.

9A.F.B., Corregimiento, 0906/003.

10A.F.B., Corregimiento, 0594/025.


  • Luis M. Bernal, becario de investigación del Gobierno Vasco

Anacleto Ortueta Azcuenaga

HISTORICOS DEL ACERO

El Acero por Olabeaga

lunes, 7 de diciembre de 2009

Anacleto Ortueta Azcuenaga


Historiador y político abertzale nacido en Olabeaga (Bizkaia) el 26 de diciembre de 1877 y muerto en Bilbao el 7 de noviembre de 1959. Facultativo de minas, trabajó en la compañía Sierra Minera de Sota y también por su cuenta en el campo de las finanzas. Militante de EAJ-PNV y fundador de ANV.

El 26 de diciembre del año 1877, nacía en Olabeaga este historiador, político, facultativo de minas e incluso también por su cuenta en el campo de las finanzas. Tras haber militado en la Juventud Vasca de Bilbo, ya siendo miembro del Consejo Regional del Partido Nacionalista Vasco en Bizkaia, en el año 1918 salió elegido diputado a las Cortes del reino de España por Gernika, en representación del partido donde militaba por aquel entonces, el PNV-EAJ.

Corría el año 1922, cuando acude a las tareas del Ateneo Nacionalista de Bilbo y un año después, junto con su amigo Justo Garate, habían comprobado a través de los Anales de Navarra de los padres Moret y Aleson, junto a la imprescindible obra de Arturo Kampion, la realidad histórica de una unidad política vasca, concretamente en el Reino de Nabarra pero que en su tiempo se denominó Reino de Pamplona, acentuándose su atención en especial, al periodo comprendido durante el reinado de Sancho III el Mayor, que le llevaría a evolucionar de unos escritos basados en el pensamiento de Sabino Arana, a la realidad cultural política-histórica del pueblo vasco, siendo así el único, verdadero y correcto discurso político posible, que el Estado de los vascos es Nabarra.

Anacleto Ortueta, tras numerosos enfrentamientos internos en el primer tercio del siglo XX, acaecidos en el PNV-EAJ, en los cuales inicialmente se mantuvo neutral, en el año 1930 funda el partido EAE-ANV bajo la ideología política Estatal de Nabarra, dentro de un prisma liberal y aconfesional, junto a I. Arana, Urrengoetxea, Belaustegigoitia, etc. Así, el 30 de noviembre de ese mismo año, aparece llamado Manifiesto de San Andrés, obra atribuida a Anacleto Ortueta, en la cual aparece como uno de sus o­nce firmantes.

Ya en el año 1932 abandona EAE-ANV entregándose a la labor historiográfica, de la que siempre se había manifestado proclive para la actuación política correcta, especialmente en lo referente a cual era y es, el Estado de los vascos, Nabarra. Pasa grandes temporadas en Catalunya, donde se empapa de la influencia política de Rovira Virgili, que se puede traducir en un nacionalismo liberal y laico, sin apartarse en ningún momento del referente Estatal vasco que nos otorga la historia política del Reino de Nabarra, verdad que él había descubierto en unos tiempos donde el lema era, Euzkadi es la patria de los vascos y que sabía se les había ocultado malintencionadamente.

El estadillo de la guerra civil española, hizo que las diferencias personales mantenidas con diferentes gentes del PNV-EAJ, se difuminaran por completo, siendo nombrado jefe de la policía interior de las Milicias Vascas. Fue partidario de no destruir la industria de guerra vizcaína antes de la toma de Bilbo por las tropas levantadas contra la II república de España, opinión en la que coincidía incluso con la de Leizaola. No abandonó la villa vizcaina, siendo incomodado y detenido por los franquistas al cabo de algún tiempo. En el año 1940 fue juzgado y condenado a expatriarse por un tribunal militar español, teniendo que pagar una multa de 10.000 ptas. y viéndose obligado a perder todos sus bienes.

Este gran abertzale, intentó durante casi toda su vida, abrir los ojos de sus correligionarios a la realidad histórico-política de Nabarra, la estructura política con la que se dotaron los vasco(ne)s hace ya casi 1200 años, antes incluso de percibir el nacimiento de los estado-nación que conocemos en la actualidad. Anacleto Ortueta dejó para la posteridad tres obras de gran relevancia, siendo estas un referente necesario y esencial para el actual nacionalismo vasco, en su obligatorio pasó del paradigma bizkaitarra o aranista, al paradigma nabarro. Nabarra y la unidad política vasca del año 1931, Vasconia y el Imperio de Toledo en el año 1934 y la más reciente, Sancho III el mayor, Rey de los Vascos en el año 1963. A éste importante soberanista navarro le alcanzó la muerte en Bilbo, concretamente el 7 de noviembre del año 1959.

mas información

sábado, 7 de noviembre de 2009

HISTORICOS DEL ACERO

Aupa lagunok!

Ahí os paso un reportaje de Cantera deportiva.
Para los históricos de Olabeaga de toda la vida y seguidores del Acero, estos señores fueron grandísimos jugadores.


aticulos relacionados:

ATHLETIC Y OLABEAGA


El Acero por Olabeaga


LA GABARRA POR OLABEAGA


martes, 19 de mayo de 2009

El Acero por Olabeaga


El otro día os poniamos un articulo escrito por Olmo que se referia a la gabarra que surco la ría en 1924 por el exito deportivo de nuestro equipo, El Acero.
Un lector asiduo nos ha enviado sus recuerdos a proposito del tema de las gabarras triunfantes por la ría.

Arratsaldeon danori!

Recordar también, aunque menos importante socialmente, claro está, la bajada de las gabarras del Acero Club de Olabeaga los años 1987 (Campeones de 2ª Regional y ascenso a 1ª) y de 1989 (1º y ascenso a Preferente).

Aún no siendo gabarra nos embarcamos en remolcador (con txaranga y todo) y remontamos la ría desde Erandio hasta practicamente el Arenal.
Los vecinos saludaban desde la Ribera del Muelle Olabeaga, hubo txarangas, comida con los jugadores y directivos, y gran ambiente por los bares del barrio hasta las tantas.

Qué decir de los que veían la escena desde Deustu o Campo Volantín, alucinaban... quiénes son estos chalados!

Mucha gente se engalanó con bufandas, pañuelos y camisetas azules y blancos, ikurriñas....
Es bonito recordar algo similar a lo que se vive ahora, desde otra perspectiva, un barrio jatorra y muy unido por el éxito de un equipo del Pueblo.

Agurrak